Mi nombre es Sayra Laguna: la guerrera del tatami que desafió la dictadura

Por: Loanny Picado

En el populoso barrio Santa Rosa en Managua, habita Sayra Laguna junto a su madre, Luz Marina Zúniga y su hermana menor. No vive en una casa de lujos, pero tiene lo más preciado, el calor y amor de su familia, quienes le inculcaron una dignidad y coraje admirable.

Laguna fue forjada al hierro, resistente frente a los embistes, pero sensible frente a la injusticia y el dolor. Cuando era una niña insistía en ayudarle a su bisabuela a vender tortillas y arroz con leche, también se le veía jugar en las calles con amigos de la cuadra, era un mantis aguerrido y desafiante que la condujo a practicar el judo y el sambo.

Foto de infancia de Sayra Laguna

Con el tiempo, el ímpetu de Laguna la consagró en una de las atletas más destacadas de Nicaragua. Al cumplir los 30 años de edad, era cuatro veces Campeona Panamericana de Sambo y Bicampeona Centroamericana de Judo, catalogada como la atleta amateur más importante del 2017 en la gala olímpica de su país natal.

Esta guerrera del tatami también aprovechó su talento en el deporte para estudiar becada en las universidades más destacadas del país. Consolidó las licenciaturas en Administración de Empresas y Mercadotécnia, y actualmente cursa la carrera de Ingeniería Agrónoma.

He tenido la fortuna que me han becado en todas las universidades que curse mis licenciaturas y ahora por una tercera, también hice un diplomado en la Incae”, explica.

DESPOJADA DE SU CARRERA DEPORTIVA

La represión de la dictadura sandinista frente a la insurrección cívica que inició el 19 de abril de 2018 en Nicaragua, no dejó indiferente a Sayra Laguna. Los asesinatos de jóvenes estudiantes y campesinos cobradas a manos de Policía Nacional y grupos paramilitares afines al régimen vistió de luto a toda una nación.

En ese momento, Laguna tomó una decisión que cambiaría su vida. “Le consulté a mi madre antes de hablar, y ella me dijo que me apoyaba en todo lo que yo hiciera, y si le tocaba morir conmigo, ella moriría también”, relata.

La tetracampeona de sambo estaba clara que al pronunciarse respecto a la represión y criticar el actuar del gobierno, enfrentaría el combate más complicado, y ante un rival poderoso. Sin embargo, Laguna no tuvo miedo, y en tono desafiante estaba dispuesta a solidarizarse con sus compatriotas asesinados.

Durante el Panamericano de Sambo en julio de 2018,Sayra tomó un lápiz y en un cartel blanco escribió: “Desde lo más profundo de mi corazón, esta medalla se la dedico a mi Jesús y a todas las personas que han muerto en mi país”, posteriormente se tomó una foto con la medalla y la subió a sus redes sociales.

Esta acción llena de valentía y empatía, le valió el agradecmiento y apoyo del pueblo reprimido, pero también le trajo consecuencias graves. A su regreso a Nicaragua empezó a tener amenazas y era considerada una “traidora” para los simpatizantes del partido de gobierno.

El panorama se tornó más tenso cuando fue llamada personalmente por Emmet Lang, presidente del Comité Olímpico Nicaragüense (CON), quien le pidió disculparse públicamente con Daniel Ortega.

-“Me reuní con Emmet Lang y me quería obligar a firmar una carta donde le pedía perdón a Daniel Ortega y Rosario Murillo. Yo le dije que no la firmaría y que no me arrepentía de haber hecho lo que hice, porque yo me debía a mi pueblo no a un dictador”, afirma.

Lang es conocido por ser amigo y compañero de militancia de Ortega y miembro activo hasta la actualidad del FSLN. Por lo tanto, la protesta de Laguna enardeció los cimientos de la dictadura ya que se trataba de la opinión de unas de las atletas más importantes de Nicaragua.

Ante la negativa de disculparse, el asedio político hacia Laguna se extendió a su lugar de trabajo, donde ejercía como administradora del Polideportivo España. Su jefe, Freddy Hurtado la acosaba constantemente por enfrentarse al régimen. De igual manera, dentro del equipo nacional recibió el rechazo y llamado de atención del entrenador, Marlon García.

El entrenador me decía que era una mal agradecida, que en el equipo nacional no había cabida para traidores, porque todos deberían de apoyar al comandante (Ortega)”, asegura.

Con el nulo apoyo de las entidades deportivas que están altamente politizadas en el país, Sayra se encontró en un laberinto sin salida, pero en el que estaba dispuesta a seguir luchando para que su voz de protesta fuera escuchada.

Durante la premiación de la Gala Olímpica de 2019, Laguna criticó la condecoración al comisionado Ramón Avellán. Este funcionario de la Policía Nacional es sancionado por el gobierno de los Estados Unidos y señalado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) por crímenes de lesa humanidad perpetuados en Masaya durante las protestas de 2018.

Son una mierda, cómo es posible que premien a unos asesinos”, comentó Sayra en sus redes sociales.

Su directo y fuerte comentario, nuevamente avivó las bases sandinistas, pero esta vez desde la secretaría de comunicación de la dictadura, manejada por Rosario Murillo, esposa de Ortega y vicepresidente del país.

Como yo había renunciado a mi trabajo por tanto acoso laboral, el 18 de diciembre de 2019 solo fui a retirar mis cosas al IND (Instituto Nicaragüense de Deportes), pero mi susto fue que el guardia de seguridad no me dejó entrar a retirar mis pertenencias”, relata.

Por orden expresa de Murillo hacia Emmet Lang y Marlon Torres, director del IND, a Laguna se le ha prohibido desde diciembre de 2019 a entrar en cualquier complejo deportivo del país, asimismo no permitirle que represente nuevamente a Nicaragua en competencias de judo o sambo.

Emmet Lang , presidente del CON (izquierda) premiando en 2019 al comsionado Ramón Avellán, acusado de crímenes de lesa humanidad contra el pueblo de Masaya, Nicaragua.

El golpe fue duro, porque me quitaron lo que más me gustaba hacer, el judo y sambo. Todo porque no quise callarme ante tanta crueldad que se estaba cometiendo en Nicaragua”, lamenta la atleta.

LA ANGUSTÍA Y LUTO EN MEDIO DE LA PANDEMIA

Luego que la dictadura la vetó de las competencias, Laguna ganó un viaje a California, para tomar un curso de entrenadora personal.

Sin embargo, durante los primeros meses del 2020 se expandió mundialmente la pandemia de covid-19 y esto obligó a Laguna a regresar al país para ver a su bisabuela enferma y su padre que estaba hospitalizado por coronavirus.

Con los caminos aéreos bloqueados, Laguna solo pudo llegar por tierra a la frontera sur entre Guatemala y Honduras, donde otras 56 personas esperaban cruzar y llegar a Nicaragua.

Fueron once días en la frontera. Con escasez de comida, descansar un poco ante el sofocante sol y tratar de dormir en el concreto, soportando lluvias y frío. Todas estas adversidades hacían una tortura diaria para Laguna y sus demás compatriotas. A lo lejos, en esas noches heladas, entre el delirio y la razón, Sayra escuchaba el eco de la voz de su bisabuela que desvanecía agonizante en Managua.

Llego un momento que pensé que iba a morir allí en la frontera, fueron momentos muy duros que nunca se los desearía a nadie”, confiesa.

Cuando finalmente lograron darles paso a las personas varadas en la frontera, Sayra llegó a Nicaragua en la madrugada del 19 de julio de 2020, pero recibe la noticia que su bisabuela falleció el día anterior. La misma señora que la vió crecer y que la acompañaba a vender tortillas, había partido sin despedirse de ella.

Fue el momento más triste y doloroso que he vivido. Mi bisabuela era una de las mujeres más importantes de mi vida, aún lo cuento y no lo puedo creer que esté muerta, pero al menos mi padre pudo sobrevivir al virus, y le agradezco a Dios por eso”, dice.

NO ME ARREPIENTO DE NADA”

Sayra Laguna no declina y no pierde las esperanzas de regresar a las competencias de sambo y judo.

Con 32 años de edad, y arrancando el 2021, Laguna explora nuevas maneras de ganarse la vida. Ahora imparte clases en línea, entrenando a personas para mantener una vida saludable en medio del encierro de la pandemia.

“Como me cerraron las puertas en el deporte, intento impulsar este pequeño proyecto, aprovechando el curso que hice de personal training en Estados Unidos”, explica.

Con una carrera deportiva bloqueada, solo por expresar sus opiniones, Laguna admite que no se arrepiente de alzar su voz. Aún sigue ejerciendo su activismo social y retando con sus comentarios a una dictadura que de momento, solo la ha despojado de su carrera deportiva, pero no de su dignidad y valores humanos.

No me arrepiento de nada de lo que hice, y lo volvería ha hacer, porque no se puede ser indiferente al dolor de las personas,y eso me ha impulsado a seguir de pie, aunque han intentado derribarme”, insiste.

Mientras los problemas socio políticos continúan en Nicaragua, Sayra espera que algún día el país tenga la justicia y democracia que merecen, porque no se puede vivir en paz en una nación que no puede ejercer su libertad de expresión, donde ondear la bandera nacional y protestar es un delito pagado con cárcel o muerte.

Sueño con regresar a competir, a ganar combates para mi país, pero deseo más una Nicaragua libre, con un país que no haya presos políticos, que haya justicia y democracia. Nos lo merecemos, ya no queremos más muerte”, anhela Sayra Laguna.

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